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El nombre de Dan es nombrado
por primera vez en la Biblia en el libro de Génesis cuando
se narra su nacimiento como hijo de Jacob y Bilha, sierva de
Raquel la esposa de Jacob. “Y ella
dijo: He aquí mi sierva Bilha; llégate a ella, y dará a luz
sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella. Así
le dio a Bilha su sierva por mujer; y Jacob se llegó a
ella. Y concibió Bilha, y dio a luz un hijo a Jacob. Dijo
entonces Raquel: Me juzgó Dios, y también oyó mi voz, y me
dio un hijo. Por tanto llamó su nombre Dan” (Génesis
30:3-6).
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Luego en Génesis se nos
menciona su hermano de Neftalí también hijo de Jacob con
Bilha; “Los hijos de Bilha, sierva
de Raquel: Dan y Neftalí” (Génesis 35:25).
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En el libro de Números se hizo
un censo para organizar a Israel como una nación y un
ejército. Cuando se contó cada uno de los descendientes
varones de la tribu de Dan mayores de 21 años, el total fue
de 62,700. “De los hijos de Dan,
por su descendencia, por sus familias, según las casas de
sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte
años arriba, todos los que podían salir a la guerra; los
contados de la tribu de Dan fueron sesenta y dos mil
setecientos” (Números 1:38-39).
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Cuando la tierra prometida fue
repartida a cada una de las tribus por Josué, a la tribu de
Dan se le asignó una porción de tierra que se extendía al
sudeste de la costa cercana a Jope, esta tierra lindaba con
los filisteos. “La séptima suerte
correspondió a la tribu de los hijos de Dan conforme a sus
familias. Y fue el territorio de su heredad, Zora, Estaol,
Ir-semes, Saalabín, Ajalón, Jetla, Elón, Timnat,
Ecrón, Elteque, Gibetón, Baalat, Jehúd, Bene-berac,
Gat-rimón, Mejarcón y Racón, con el territorio que está
delante de Jope. Y les faltó territorio a los hijos de Dan;
y subieron los hijos de Dan y combatieron a Lesem, y
tomándola la hirieron a filo de espada, y tomaron posesión
de ella y habitaron en ella; y llamaron a Lesem, Dan, del
nombre de Dan su padre. Esta es la heredad de la tribu de
los hijos de Dan conforme a sus familias; estas ciudades con
sus aldeas” (Josué 19:40-48).
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La tribu de Dan era inferior
solo a la tribu de Judá en cuanto a su número, antes de
entrar á Canaán (Números 1:39;26:43). A Dan le asignó una
porción de tierra que se extendía al Sudeste de la costa del
mar cercana a Joppe. Lindaba con la tierra de los
filisteos, con quienes la tribu de Dan tuvo mucho que hacer
(Jueces 13-16). Su territorio era fértil, pero pequeño, y
los nativos de ese territorio eran poderosos. Por tal
motivo una parte de la tribu de Dan tuvo muchos problemas de
poseer toda esa tierra y buscó y conquistó otra residencia
(Josué 19 y Jueces 18).
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El nombre de la tribu de Dan
no aparece en las crónicas (1 Crónicas 2-12), tampoco
aparece entre los que fueron sellados por el ángel en la
visión de Juan (Apolaclipsis 7:5-7), y la razón puede
hallarse en su mudada parcial a Laish del territorio
que se les asignó por Dios, y en la idolatría en que cayeron
allí. Laish en una época pertenecía a Sidón, y recibió el
nombre de Dan de una porción de esa tribu que la conquistó y
reedificó (Jueces 18). Esta ciudad a donde fue a vivir
parte de la tribu de Dan era una ciudad idólatra (Jueces
18:30-31) y fué en esta ciudad donde se situó uno de los
becerros de oro de Jeroboam (1 Reyes 12:28).
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En el libro de Jueces capítulo
18, se nos narra como parte de los descendientes de Dan
decidieron apoderarse de la ciudad de Lesem (en este
capítulo llamada Lais). “En
aquellos días no había rey en Israel. Y en aquellos días la
tribu de Dan buscaba posesión para sí donde habitar, porque
hasta entonces no había tenido posesión entre las tribus de
Israel. Y los hijos de Dan enviaron de su tribu cinco
hombres de entre ellos, hombres valientes, de Zora y Estaol,
para que reconociesen y explorasen bien la tierra; y les
dijeron: Id y reconoced la tierra” (Jueces 18:1-2).
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“No había tenido
posesión”... Es decir,
no habían llegado a tener una extensión de territorio
suficiente para ellos. Algunas familias todavía no tenían
su heredad o no les era suficiente la que poseían, porque en
Josué 19:47 leemos;
“Y les faltó
territorio a los hijos de Dan; y subieron los hijos de Dan y
combatieron a Lesem”.
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Es aquí en el libro de Jueces
capítulo 18 donde se nos describe con más detalles como fue
que los descendientes de Dan se apoderaron y conquistaron la
ciudad de Lesem (Lais).
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Fueron cinco hombres que
reconocieron la tierra de Lais:
“Entonces aquellos cinco hombres salieron, y vinieron a
Lais; y vieron que el pueblo que habitaba en ella estaba
seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de
Sidón, sin que nadie en aquella región les perturbase en
cosa alguna, ni había quien poseyese el reino. Y estaban
lejos de los sidonios, y no tenían negocios con nadie.
Volviendo, pues, ellos a sus hermanos en Zora y Estaol, sus
hermanos les dijeron: ¿Qué hay? Y ellos respondieron:
Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros hemos
explorado la región, y hemos visto que es muy buena; ¿y
vosotros no haréis nada? No seáis perezosos en poneros en
marcha para ir a tomar posesión de la tierra. Cuando
vayáis, llegaréis a un pueblo confiado y a una tierra muy
espaciosa, pues Dios la ha entregado en vuestras manos;
lugar donde no hay falta de cosa alguna que haya en la
tierra. Entonces salieron de allí, de Zora y de Estaol,
seiscientos hombres de la familia de Dan, armados de armas
de guerra” (Jueces 18:7-11). Una vez conquistada la
ciudad Lais fue llamada Dan.
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Otro relato curioso sobre los
descendientes de Dan lo vemos en este capítulo (18) de
Jueces. Sucedió cuando los seiscientos hombres de la
familia de Dan se le acercaron al Levita que Micaía había
contratado para que fuera el sacerdote de su familia. El
problema estaba en que Micaías estaba completamente fuera de
la voluntad de Dios cuando contrató al Levita como
sacerdote. Micaía no se sometió a la autoridad de la
revelación inspirada y escrita de Dios por medio de Moisés,
se engaño a sí mismo e hizo lo que
bien le parecía (17:6), mientras al mismo tiempo
quebrantaba los claros mandamientos de las escrituras. Su
pecado incluía hurto (17:2), adoración de ídolos (17:3-5),
desobediencia de los mandamientos de Dios (17: 6), y
designación de su propio hijo como sacerdote (17:5-13).
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Los seiscientos hombres de la
familia de Dan le agradó la idea de que el levita de Micaía
fuera su sacerdote en la nueva ciudad de Dan.
“Y los seiscientos hombres, que
eran de los hijos de Dan, estaban armados de sus armas de
guerra a la entrada de la puerta. Y subiendo los cinco
hombres que habían ido a reconocer la tierra, entraron allá
y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la
imagen de fundición, mientras estaba el sacerdote a la
entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados de
armas de guerra. Entrando, pues, aquéllos en la casa de
Micaía, tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y
la imagen de fundición. Y el sacerdote les dijo: ¿Qué hacéis
vosotros? Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre
tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y
sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un
solo hombre, que de una tribu y familia de Israel? Y se
alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó el efod y los
terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo”
(Jueces 18:16-20).
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Esta acción fue un mal
comienzo para la tribu de Dan en la ciudad recién
conquistada; “Y ellos, llevando
las cosas que había hecho Micaía, juntamente con el
sacerdote que tenía, llegaron a Lais” (18:27).
“Y llamaron el nombre de aquella
ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de
Israel, bien que antes se llamaba la ciudad Lais. Y los
hijos de Dan levantaron para sí la imagen de talla; y
Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos
fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día del
cautiverio de la tierra. Así tuvieron levantada entre ellos
la imagen de talla que Micaía había hecho, todo el tiempo
que la casa de Dios estuvo en Silo” (18:29-31). La
idolatría fue el terrible pecado practicado por la tribu de
Dan llevándolos completamente fuera de la voluntad de Dios.
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Otra de las cosas que sabemos
sobre los descendientes de Dan, es que el pueblo de los
filisteos se convirtió en el enemigo principal de la tribu
de Dan y del pueblo hebreo en general hasta la época de
David, debido a su destreza para hacer armas de hierro,
ellos tenían ventaja militar sobre Israel.
“Y en toda la tierra de Israel no
se hallaba herrero; porque los filisteos habían dicho: Para
que los hebreos no hagan espada o lanza. Por lo cual todos
los de Israel tenían que descender a los filisteos para
afilar cada uno la reja de su arado, su azadón, su hacha o
su hoz. Y el precio era un pim por las rejas de arado y por
los azadones, y la tercera parte de un siclo por afilar las
hachas y por componer las aguijadas. Así aconteció que en
el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de
ninguno del pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán,
excepto Saúl y Jonatán su hijo, que las tenían” (I
Samuel 13:19-22).
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La famosa historia de Sansón
fue parte de la historia de la tribu de Dan. De la tribu de
Dan nació Sansón quien se convirtió en un juez (jefe
militar) contra los filisteos. Fue precisamente en una
época donde los descendientes de Dan estaban pasando por una
decadencia moral, social y espiritual. Sansón fue juez
durante veinte años, pero nunca tuvo éxito en liberar al
pueblo de la opresión de los filisteos. Su hoja de
servicios constaba sólo de esporádicas hazañas contra
aquella nación pagana. ¿Qué podría haber realizado Dios por
medio de Sansón si él hubiera sido fiel a su llamamiento y
se hubiera dedicado genuinamente al propósito de Dios para
su vida como el libertador escogido de Israel?
(Jueces caps. 13-16).
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¿Por qué la tribu de Dan no
es mencionada en Apocalipsis 7:5-8?
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Apocalipsis 7:5-8:
“De la tribu de Judá, doce mil
sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la
tribu de Gad, doce mil sellados. De la tribu de Aser, doce
mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados.
De la tribu de Manasés, doce mil sellados. De la tribu de
Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil
sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados. De la
tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José,
doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil
sellados”.
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En primer lugar,
observamos al leer estos versículos que aquí se menciona a
la tribu de Leví, aunque esta tribu no tenía herencia (no se
le repartió tierra como a las otras tribus); pero ahora
pertenecían al sacerdocio espiritual. Es por eso que en
estos versículos de Apocalipsis son mencionados.
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En segundo lugar,
observamos también que aquí se omite a las tribus de Dan y
Efraín, que tenían herencia.
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En tercer lugar,
observamos que se agrega la tribu de José en lugar de las
tribus de Dan y Efraín. No había una tribu nombrada José,
sino los hijos Manasés y Efraín. La tribus de Efraín y Dan
fueron las principales promotoras de la idolatría, aquí en
Apocalipsis se las deja fuera en esta enumeración. Fue en
Efraín y en Dan donde Jeroboam edificó dos becerros de oro
para que el pueblo ofreciera sacrificios sin tener que ir a
Jerusalén.
“... hizo el rey
dos becerros de oro... uno lo puso en Betel (Efraín) y otro
en Dan... y el pueblo iba a adorar “ (1Reyes 12:25-33)
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